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Llevaba varias semanas con aquél cosquilleo en la barriga.   Era como si sus tripas discutieran educadamente pero no llegaran a un acuerdo.  Con vehemencia exponían sus puntos de vista sin llegar a un puerto común y estable.   En octubre soñó, por primera vez, que un ser se revolvía en su barriga.   Como si fuera una simbiosis, aquel ser no era dañino, apenas si lo percibía despierto.   En sueños era otra cosa, en sueños crecía hasta convertirse en un ser perfectamente formado y pensante, bien pensante para ser más exactos.   Filosofaban en sueños, nuestro personaje y su alter ego gástrico.   Algunas veces estaba de acuerdo totalmente con aquel ser, pero discrepaba levemente cuando despertaba.   En principio fue una relación onírica que apenas si duraba 5 horas debido a sus perpetuos insomnios, pero en Noviembre aquel ser, que en principio solo se materializaba en la noche, le fue ganando terreno a las mañanas y a las tardes de nuestro héroe hasta convertirse en un compañero fiel de su vida diaria.

La maldita noticia nos explotó en el pecho y sus largos dedos nos oprimía el corazón haciendo que la rabia fluyera ácida por los ojos. Elrechinar de dientes se hacía patente en nuestras caras serias. ¿Cómo podía ser? -Tan deportista y con 36 años. Una "Aneurisma disecante de aorta ascendente congénita" cayó como una losa sobre nuestras sienes aplastándolas sin piedad y lo peor sin explicación alguna. ¿Podría, mi primer y querido sobrino, respirar este aire tan limpio que yo respiraba en aquel momento?. ¿Podría sentir esta llovizna helada en la cara mientras paseo?.

La aguja Shure, que compré en Tenerife mientras hacía la mili, se deslizaba con suavidad sobre el vinilo negro. Negro como la cantante que se desgarraba en dicho disco demandando "Respect". Una gran versión de la canción que Otis Redding hiciera famosa en los años setenta. Sí amigos, Aretha se dejaba la piel implorando un poco de "respeto" en aquellos surcos negros. Respeto con mayúsculas, sin las manipulaciones que posteriormente las feministas introdujeron sibilinamente: "Una forma de crecer es achicando al contrario". Respeto para los pobres. Respeto para los trabajadores. Respeto para el débil. Respeto para el que sufre. Amigos RESPETO.

¿Somos conscientes de las veces que defraudamos a nuestros seres queridos, llámense familiares ó amigos? ¿Nos damos cuenta de que esta es una espiral que se repite generación tras generación?. Es inútil, no podemos remediarlo. Con nuestros actos y nuestras palabras solemos ofender a nuestros congéneres, aún sin desearlo. ¡Qué pena! ¡Cuánto daño gratuito! Me viene a la mente aquel sabio que se aisló, conscientemente, para no ofender a nadie de obra ó de palabra.... Elevo una plegaria sincera para intentar resarcir todo el daño que he causado inconscientemente, el consciente lo dejo, puesto que me era necesario para sobrevivir.


Aquella tarde chispeaba. El olor característico de las primeras lluvias de otoño invadía las calles aupándonos a una consquilleante alegría de dejar el pegajoso calor cordobés atrás. Se veían las primeras prendas de abrigo acompañadas de su olor a armario. Las hojas muertas caían de los arboles, como si cansadas de volar desearan el contacto con el duro suelo para morir. Y nuestro héroe se dirigía al encuentro de Carmen (una novieta de hace tres semanas, gordita y zalamera, que le tocó a suertes en un baile por aquello de los duetos y los emparejamientos). Habían quedado en el piso vacío de Alfonso, un chico de la pandilla. Se sentía muy nervioso, al borde de la locura. En este piso se bailaba y posteriormente se pasaba a los distintos cuartitos, por parejas, y se MAGREABAN. Sus catorce años le golpeaban en el pecho y en las sienes y le dejaban la garganta seca, muy seca; como si se hubiera comido media caja de polvorones. Se sentía obligado a pasar por este trance. Conducido, manipulado. Cómo oveja hacia el matadero. ¿Qué pensarían sus nuevos amigos, tres años mayores que él, de sus dudas y de su inexperiencia? Un sudor frío le recorría la espalda y las manos. Las piernas apenas si le respondían.

Atrás quedaron los juegos infantiles que encerraban un cierto aprendizaje para lo que nuestros padres llamaban "el futuro". La vida es un juego. Con las distintas edades y etapas y hemos de jugar a diario, sin olvidar divertirnos.