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Crónica de la ascensión a la Virgen de la Cabeza, 21 de mayo de 2015.-

 

Hay que dejar transcurrir los acontecimientos como vienen, como están señalados, con todas sus consecuencias, y digo esto porque el 21 de mayo tal vez no fue el día idóneo para hacer la salida de “La Virgen de la Cabeza”, sino el finde pasado 14 de mayo. Pero el hombre se ha de enfrentar al destino y a sus caprichos, vengan como vengan y vengan de donde vengan, y así lo hicimos, como trataré de relatar.

 

Se avecinaba un calor intenso, ya lo advertían los partes meteorológicos y los participantes cuando iban llegando a Chinales con una puntualidad de reloj suizo. Once valientes, “gente tercia” los de siempre, gente curtida en mil batallas, sólida, dura, dispuesta a todo.

 

Es cierto, que la parada del desayuno era completamente prescindible, pues todos íbamos con los deberes naturales hechos, comidos y descomidos, no obstante nos sirvió para saludar a Ismael (El Profeta), el cual, resignado nos vio partir para la aventura. No es fácil plegarse a los designios del destino cuando has de recuperarte de una lesión que no has buscado, es por ello que también estará presente en nuestro recuerdo y pensamientos durante la jornada la figura de Alberto, el pobre había pensado venir, había organizado lo de la comida, era en su pueblo, ¡qué lástima!

 

Algunas vueltas por la ciudad buscando el cementerio, lugar de partida, en este caso para una aventura real y no, gracias a Dios, para los viajes que acometieron las almas de los cuerpos que lo habitan.

 

Observamos gran cantidad de équidos, de todas clases, escuálidos rocinantes, burros, asnos, mulos, jamelgos. En principio pensamos que se trataba de una feria de ganado, pero cual sería nuestra sorpresa al descubrir que la equina concentración tenía nuestro mismo destino. 

 

Gran desparpajo para bajar y montar bicis, todo ello adquirido con la experiencia. Antonio nos surte de crema para el sol, a la postre gran ocurrencia, pues en otro caso hubiéramos llegado bien quemados.

 

Primeros kilómetros que hacen predecir la dureza de la jornada. La orografía del terreno hace poner pie a tierra en numerosas ocasiones, rampones imposibles, la bicicleta revuelve, es como si no quisiera obedecer. Una ermita hace de punto de descanso, llenamos agua y continuamos la aventura, igual terreno, aunque el horizonte se vuelve espectacular ante la gran altura que estamos alcanzando. Llegamos a la estatua en homenaje al romero, desde el hueco de su pecho se observa el Cerro del Cabezo, coronado por el monasterio que guarda su preciado tesoro, La Virgen de la Cabeza. Curiosa vista la que se contempla a través del hueco en la estatua.

 

Descenso al rio Jándula, Alfon y este relator descienden por una pista, ancha y bien compactada, que nos permite un rodar tranquilo y podemos hasta observar un ejemplar de lince. Los demás optan por otra mucho mas agresiva con grandes desniveles, al final, todos coincidimos en el rio.

 

Tras atravesar el llamado “sitio nuevo” plagado de perolistas empezamos a ascender los llamados “caracolillos” infinitos zigzag, veredas estrechas, suelo de piedra, algunas veces encajonado entre dos muretes que llegan a la rodilla. El calor hace enfermar a una mujer, supimos que tuvo que ser evacuada. Llegamos al final, previo paso de una calzada, un bosquete una ancha pista. 

 

Tengo que ser sincero, el enclave es de lo mejor, en pleno corazón de sierra morena, el paisaje es desolador, verdaderas urbanizaciones caprichosamente dispuestas, chalets, casas, que asesinan el paisaje en un urbanismo salvaje y sin control. Tras recorrer una hilera de casas de cofradías, se accede a una impresionante rampa que se inicia con un fabuloso arco de piedra y termina en el monasterio. Nosotros, los ciclistas, tenemos que acceder por la carretera. Visita al monasterio, ruegos a la Virgen. Por la cruz (azul y roja) se deduce que el templo está a cargo de los Padres Trinitarios, uno de ellos, al ser solicitado para una foto, exige un precio por ello, verdadera reminiscencia de pasados tiempos, ahhh, “Vergoglio, mi amado Papa Francisco” ven a ver esto.

 

Rápida cerveza y descenso. No podíamos creer que solo había una ruta para bajar, la misma que para subir. Nuevamente, la torpeza de nuestros gobernantes regionales ha hecho que cierren el acceso a la llamada “pista” para el acceso al recinto religioso. Increíble. Ello nos obliga al descenso por la misma “senda” de ascenso, lo que provoca en nosotros gran desolación, pues sabemos que tardaremos y no podremos estar en hora a la comida, también nos hará cruzarnos con la caravana de équidos, por sendas en los que solo uno tiene sitio.

 

Como decía al principio, hay que afrontar el destino y las circunstancias. Bajada complicada, que a los menos hábiles nos hace descabalgar a menudo, pero afrontamos la bajada con buen humor. Llegados de nuevo al rio Jándula, decidimos ascender por la pista larga pero mas tendida y compactada, pues las fuerzas empezaban a menguar, el cuerpo había extraído el fruto del desayuno y los alimentos extra. Bien, pues otra vez el destino pone una piedra en nuestro camino, esta vez en forma de funcionario “pesebrado” de la Junta de Andalucía, pero pagado por todos nosotros. Un guarda forestal del parque se empecina en que no podemos subir por la ruta pretendida sino por aquella de cuestas imposibles, suelo resbaladizo, donde están bajando las caballerizas que vimos por la mañana. Haciendo caso omiso a nuestros ruegos, el obtuso funcionario, se obstina en no dejarnos pasar alegando vacuas razones. 

 

El ascenso es penoso, el astro rey azota nuestros cuerpos, machacándolos,con nuestro sudor regamos la árida ascensión, cruzándonos con innumerables jinetes cuyas monturas se escurren bailando una peligrosa danza en la que solamente la anchura de la pista hace que no hagamos pareja de baile con ellos. Llegados a la cima allí nos esperaba el estúpido guardián, al cual ni dirigimos la mirada. La fatiga hace mella en algunos, las horas pasadas bajo el sol, el esfuerzo de la ascensión, la tensión del descenso, todo ello pasa la factura. No obstante y tras saltar una valla, el destino se apiada de nosotros en forma de “romeros buenos”. Una cuadrilla con sus caballos a la sombra nos ofrecen lo que tienen, buena compañía, refrescos, cerveza fría. Con su presencia y conversación nos solazamos, atenuamos el agotamiento, la presencia de dos bellas serranas nos hace revivir. Les agradecemos su hospitalidad y continuamos el descenso, siempre cruzándonos con jinetes y amazonas, muchos peligrosamente borrachos, otros hoscos, molestándoles nuestra presencia y los menos amables y correctos. 

 

Entre el descenso y la hospitalidad del grupo romero, algunos han revivido y se lanzan sin control hacia abajo. Por fin llegamos a los coches, donde hacemos nuestras abluciones con toallitas húmedas, bebemos y comemos gracias a la generosidad de algunos y decidimos comer algo en el “kiosko Colon”. Enclave curioso, al que descubrimos después de dar vueltas y más vueltas para acabar enfrente del Tanatorio. Por lo cual preferimos no comer nada de carnes a la brasa ni asaduras. Buen rato echamos allí.  Pese al mal humor del encargado y de una “señorita” abrumada por el trabajo en atender las mesas. Allí brindamos, reímos y comentamos los caprichos del destino en la jornada. Recuerdos para Alberto, postrado por su lesión. 

 

En el viaje de vuelta, con la fatiga del día el ánimo se alegra ante el inmediato reencuentro con los seres queridos, afloran los sentimientos más sinceros, David y Juan Luis me dicen que les gusta nuestro Club, que están a gusto con su gente, ello me reconforta. 

 

Puede que se hubiera podido hacer mejor, lo reconozco, pero el sufrimiento y la fatiga nos ha vuelto a unir, y como decía uno de mis compañeros de viaje, lo que mas le gusta es una jornada como esta, mas luego llegar a su casa y tras abrazar a los suyos, echarse en el sofá, al parecer, ello no lo cambiaría por nada en el mundo.

 

Vuestro JuanKa

 

Arrastraculos de Pro y orgulloso de serlo, para que la Virgen medie para cumplir nuestros ruegos, pues trabajo, esfuerzo y sudor nos costó llegar hasta su imagen. Para recuerdo de los que fuimos, nostalgia de los que ya fueron e ilusión de los que en otro tiempo irán. 

Lo dedico a Alberto, que, por no poder acompañarnos, sufrió tanto como nosotros.

 
 
 
 
 
 
 
 
 


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